Volver al pasado, recordar, reabrir heridas, muchas veces puede ser parte de un proceso terapéutico importante y profundo; cuando hay un plan, un acompañamiento y una consciencia de la resignificación. Pero cuando es solo una defensa para no soltar y avanzar emocionalmente al vacío o incertidumbre, a la larga solo nos hace más daño.

 

A propósito de un quiebre amoroso que tuve, me pasó que tuve la necesidad de no volver a hablar de lo sucedido con la persona, sea porque probablemente dije todo lo que necesité decir en el momento o porque no hay en ese momento emocional nada amable para mi ha recibir. Al contrario, por otro lado, la persona con quien me relacionaba insistía en reabrir esta herida (cabe destacar un quiebre irreconciliable) ya que no sentía que todo hubiese sido dicho -aunque no se estaba diciendo nada nuevo-. Era algo así como un círculo vicioso que se terminó en casi el placer tóxico de hacer un examen forense a un cuerpo muerto una y otra vez, solo que en este caso ese cuerpo es una relación.

 

Me di cuenta, que cada vez que hablaba de la relación muerta, tenía un malestar en mi cuerpo por varios días, inconscientemente se activaban todos los mecanismos de autosabotaje y mi energía bajaba radicalmente. ¿Pero cómo era posible, si eran conversaciones adultas, con altura de mira, con reflexión mediante? Otro importante factor era que, al contrario de esta situación, cuando mi interacción con esa persona eran conversaciones sobre el presente,  proyectos personales futuros o contingencias, todo en mi se mantenía en calma.

 

¿Significaba que debía cortar para siempre ese vínculo? Quizás, pero una parte de mi quería seguir en contacto. ¿Es la única forma de mantener el vínculo la eterna taxidermia? Yo creo que no. Creo que enfrentarse a una nueva forma de relación con las personas que nos importan puede generar una gran incertidumbre y por eso nos aferramos al pasado como un ancla.

 

En definitiva, a veces no hay necesidad de repasar constantemente lo que ya no está en nuestro control. A veces en realidad no hay nada ahí para nosotros y debemos dejar, como a las almas en pena, que descanse en paz. Para aprender a poner punto final y a volver al pasado sin caer en un círculo tóxico no hay un manual, pero si creo que la mejor y principal herramienta siempre será lo que nuestro cuerpo nos esté sintomatizando.

 

Por: Josefina Cerda (@josafana)

 

 

 

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Escuela Natalia Dufuur
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