Dentro de las metas que nos llegan de parte de nuestras alumnas, muchas veces se repite como motivo para tomar nuestras clases y cursos el objetivo de aceptarse. Esto es algo que nos toca muy profundamente ya que como equipo nos damos cuenta que es un problema transversal.

 

Cuando hablamos de aceptarnos, es un problema que tiene muchas repercusiones y dimensiones. Esta la dimensión física, psíquica, psicológica y así una infinidad de aspectos sobre los cuales nuestra vida y autopercepción se pone en crisis.

 

Pienso que el no aceptarse parte de la base de la comparación, pero no porque uno sea una persona tóxica que mira con envidia a otras personas. Hablo de una comparación mayor, la cual tiene que ver con el canon, la hegemonía corporal, el clasismo, el machismo y el racismo; todos estos los cuales se instalan estructuralmente en las imágenes que consumimos diariamente, en la educación que recibimos, en la forma que tenemos de expresarnos y hablar. Es por eso que la frustración está a la vuelta de la esquina, porque cumplir con una serie de expectativas que responden a sistemas de opresión es un camino sin salida que no deja espacio para la tranquilidad.

 

Por eso, creo firmemente que la forma de aceptarnos es también “identificar al enemigo” que nos hace sentir fuera de espacio en primera instancia porque debemos deconstruir ese imaginario para la autovaloración y autovalidación. Posteriormente vendrá la identificación de unx mismx, de nuestras particularidades y de nuestra propia tabla de valores basada en la propia realidad.

 

Por: Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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