Auto/Estima la variedad en la percepción

El amor propio, la autoestima, la autopercepción, muchas veces vemos y leemos mucho sobre esto y realmente se hace difícil lograr encajar en nuestros cuerpos aquel ánimo de paz y tranquilidad con nosotras mismas. Esto se debe a una tradición histórica de reglas normas y de límites que se nos han impuesto desde el patriarcado a mujeres y hombres sobre cómo nos debemos ver, cómo debemos movernos, sentir, hablar, en qué debemos creer, lo cuál nos puede encontrar personalmente en un espacio de incoherencia o de incomodidad porque cada persona es un mundo. 

 

Es por eso que las nociones e ideas sobre autoestima varían tanto según cada persona y sus experiencias de vida, es difícil dar con un diagnóstico general sobre los problemas de autopercepción, pero hoy me animaré a publicar una mini teoría al respecto. 

 

Muchas veces cuando hablamos de autoestima lo asociamos directamente con la autopercepción visual de nuestro cuerpo. Si bien, vivimos en una sociedad particularmente visual en su cultura, en la práctica hay otros sentidos que juegan un papel importante a los cuales solemos dejar de lado al momento de pensar en nuestra autoestima. 

 

Pienso, sin ser experta ni terapeuta, en la autoestima como un punto de tranquilidad para la realización y la proyección de nuestras vidas, algo así como una base de cariño y de dulzura que nos permite crear y accionar desde el lugar que queremos.

Pero ¿son los ojos la única herramienta que utilizamos para nuestra vida? y más precisamente, ¿son los ojos intencionados en nuestro cuerpo aquello con lo que nos desarrollamos en el día a día?

 

Me refiero a que, nosotras, nuestras vidas y creaciones son más que aquel momento en el día en el que nos miramos al espejo o nos ponemos ropa, también somos los oídos que escuchan música, la piel que siente el aire, los brazos que abrigan otro cuerpo, la voz que canta, el cerebro que proyecta, la nariz que olfatea la comida que luego disfrutaremos, el cuerpo que movemos, el orgasmo que tenemos, el cambio de temperatura de una cama con su escaldasono.

 

¿Me siguen? 

 

En una cultura altamente visual, se nos instala la firme idea de que toda evaluación sobre nuestra existencia sea a través de este sentido y específicamente a través de la percepción visual de nuestro cuerpo. Pero ¿qué pasa con los otros sentidos? ¿qué pasa con cómo sentimos el cuerpo, con qué es lo que hacemos con el cuerpo, con los deseos de mi cuerpo? ¿no son acaso aquellas cosas las que constituyen también nuestra presencia e identidad en este mundo?

 

Soy de la firme idea de que no existe una receta para el amor propio ni para una sana autopercepción, que lo que le sirve a unx no es lo que necesita otrx y que es extremadamente injusto que nuestro cuerpo nos permita tanto y que nosotros lo juzguemos por un minuto del día. 

 

Pensémoslo como si fuese una persona; imaginate que tu eres mi cuerpo, me cocinas, me ayudas a estudiar, me llevas de un lado a otro, me haces dormir, sentir placer, hablar, expresarme, estás 24 horas al servicio casi perfecto en la justa medida de mis necesidades pero yo te critico y baso mi percepción de ti por el 5% de todo lo que haces ¿Qué tan injusto te parecería?

 

Sé que esta reflexión no nos va a sanar del trauma constante de los cánones de belleza y el patriarcado, pero quizás debemos darnos la oportunidad de pensar que nuestra autoestima se puede potenciar desde otros espectros de la percepción y que eventualmente, debemos darle crédito a nuestros cuerpos que nos permiten sentir y estar vivxs. A nadie le gusta que le exijan ser perfectxs en todo, todxs tenemos diversas herramientas y talentos. Por eso es importante que nos sometamos a la idea de que todo placer más allá de solo la autopercepción visual es parte de nuestra autoestima, y que quizás nos queremos más de lo que pensamos. 

 

Bailar, actuar, compartir también es una posibilidad de que nos entrega el cuerpo, y es por eso que en La Escuela de Burlesque Natalia Dufuur no buscamos que sean las “mejores” bailarinas según el canon, sino que prestar el espacio para que su cuerpo tenga una experiencia de amor propio, permitiéndose lo lúdico y recordando que está vivo. 

 

¿Qué cosas te hacen sentir viva?

 

Si quieres leer otro artículo similar que escribí para Bosquetro haz click aquí.

Josefina Cerda Puga (@josafana)

 

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Escuela Natalia Dufuur
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