¿Qué es lo que quieres? A veces es una pregunta que resuena en el vacío, que rebota entre paredes y que ampara la sensación de angustia o ansiedad. Tomas decisiones no es algo sencillo, ir por un camino, sobretodo cuando estamos pensando en que sea lo que sea que hagamos miles de posibilidades se quedan en el tintero. Y así, podemos pasar días, semanas y meses inmovilizados, quietos de temor, pero a veces no es un temor de movernos, sino un temor por no estar seguros de qué es lo que QUEREMOS que nos movilice.

Creo que nadie sabe con total certeza qué es lo que quiere, porque finalmente el deseo es algo que se renueva día a día y que a medida vamos caminando y avanzando vamos analizando cómo nos acomoda y cómo especificamos nuestra trayectoria. Dicho esto, estamos en un constante prueba y error, o prueba y prueba, yendo por donde nos parece o intuimos es el lugar; y en esto la búsqueda es a ciegas, tenemos una idea, o una sensación que buscamos, pero desde ahí hasta realmente dar con la medida perfecta, estamos a ciegas, guiándonos por el olor, por la emoción, por la historia o por el conocimiento.

Las decisiones marcan nuestro camino, pero también debemos entender que el camino no es recto, ni mucho menos está pavimentado y que podemos ramificarlo cuantas veces queramos. En base a eso, cuando tengamos miedo de no saber precisamente qué es lo que queremos, recordemos que podemos tantear y probar. En base a lo anterior, a mí personalmente me ha funcionado muy bien un ejercicio de imaginería, en el cuál me pregunto ¿Cuál sería el escenario ideal para _________? Dándome la oportunidad de soñar escenarios impensados y ultra elaborados, luego voy aterrizando esa construcción imaginaria a mi realidad, traduciéndose, simplificando y convirtiendo el resultado final en una posibilidad del deseo.

Finalmente quiero hacer hincapié en la idea de que la búsqueda es a ciegas, porque realmente nunca sabemos a ciencia cierta cómo será ni cuál es el camino, es imposible adivinar ni predecir totalmente las variantes posibles. Y con ello, la posibilidad de sorprendernos y entregarnos al juego.

Por Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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