Conciencia Alimentaria (si, va sin s)
Me pidieron que escriba sobre alimentación conciente, recordé entonces, que hace mucho que no escribo al respecto, y es que lo tengo ya tan integrado, que incluso se me ha vuelto complejo de explicar, es como cuando ya te aprendiste las tablas de multiplicar, y llevas tanto tiempo usándolas con naturalidad al hacer cálculos mentales, que si tuvieras que recitarlas, no sabes si las recordarías por completo, o así me pasa a mí. ¿Qué es lo primero que se hace al subir a una bicicleta, antes de pedalear?

Comienzo con una premisa esencial:
“para una conciencia alimentaria, se necesita primero una conciencia corporal”

Porque no tenemos un cuerpo, somos un cuerpo, y lo que sea que le hagamos a este cuerpo que somos, como por ejemplo alimentarlo, no es algo que le está pasando una persona fuera de mí, se vive en carne propia, tanto en su proceso como el resultado. Quizá necesitamos retroceder unos pasitos antes de seguir avanzando en el tema de la conciencia alimentaria y corporal, para aclarar el concepto de conciencia, sin s intermedia, pues bien puede parecer antojadizo, pero no lo es. La consciencia es nuestra capacidad de percibir la realidad y reconocernos en ella, como saber que hoy jueves y no martes, que el año que corre es el 2020 y no en el 2005.
La conciencia, en cambio, es asignarle un valor a aquello, desde la moral personal de lo que está bien y lo que está mal. Para el mismo ejemplo, tener un concepto del jueves, ya sea que me gusta o no el día, de acuerdo a la significancia que tiene este día de la semana en mi vida y mi historia, como decir que los jueves hay training y flexibilidad, no como los martes que hay chair dance en la academia de burlesque (wink wink), y el valor que mi mente le da a eso; que el 2020 ha sido un mal o un buen año, mejor o peor según mi concepción que el 2005, que la pandemia, y qué sé yo.

Conciencia, entonces, le impronta una mirada crítica a cualquier situación o acción, y en consecuencia podría o no llevar a una acción concreta de acuerdo al valor que se le asigne. Volviendo al cuerpo y la alimentación, comer conscientemente sería estar comiendo en estado de vigilia, sabiendo lo que estoy comiendo, o sea, usar el cuerpo propio para alimentarse de forma autónoma, desde las manos para llevar la comida a la boca, la boca para masticar y triturar con las piezas dentales y tragar posteriormente, y no necesariamente incluye un procesamiento mental y/o emocional crítico de qué es lo que me estoy llevando a la boca y cómo eso me hace sentir, de nuevo, desde cómo se percibe en mis manos, como se ve, su temperatura, su olor, cómo y cuánto lo estoy masticando, el sabor que estoy sintiendo, cómo asumo que ese alimento me va a hacer sentir a futuro, en el corto, mediano o largo plazo, cómo me está haciendo sentir en este momento. Vale declarar acá, que por sentir, en este caso aplica tanto a la sensorialidad como la emoción y el sentimiento, es decir, tener tan claro como me sienta y cómo me siento, además de cómo podría llegar a sentirme mientras como y tras comer ese alimento, ojalá también el antes.

Un proceso conciente exitoso, ya sea en la alimentación, el deporte, el trabajo, o las actividades diarias, es un proceso que se siente coherente desde su preparación, durante su ejecución, y luego de haberlo vivenciado, es decir, que mi mente, mi cuerpo y mi emoción están de acuerdo en que es esa acción la mejor que pude realizar de acuerdo a mis circunstancias, objetivos y deseos.

“mi cuerpo mi mente y mi alma ya no tienen conexión”

O sea que Chayanne ha perdido la conciencia por el desamor, y por eso dejaría todo porque te quedaras, su credo su pasado su religión, toda concepción propia de lo bueno y malo.

Conciencia al comer es saber, mientras me estoy llevando la comida a la boca, qué es lo que me estoy llevando, por qué, para qué, cómo es que ese alimento me está haciendo sentir desde el mismo momento en que decido que voy a comerlo, qué me está pasando mientras lo hago, cuando le quito un pedazo con la mano, cuando le doy un mordisco, mientras mastico el alimento en mi boca, los sabores, sensaciones, emociones y pensamientos que me provoca, qué está pasando mientras lo trago, ¿siento cuando llega a mi estómago? La alimentación conciente es más un proceso que una acción, se entrena, igual que el baile, y a medida que más lo entrenas, saldrá inevitablemente mejor. Y, retomando desde el inicio, se entrena desde el cuerpo más que desde la mente. No me malinterprete usted, la mente ayuda a integrar y aprender los conceptos asociados a una alimentación conciente, nuestras creencias son las que le dan valor a las acciones que ejecutamos en nuestro diario vivir, y aquí podríamos entrar a evaluar nuestras creencias, las
que nos limitan y las que nos potencian en nuestras intenciones, que es otro tema en sí mismo. Pero es el cuerpo quien aporta a sostener la conciencia al comer a lo largo del tiempo, así como escribir, leer, contar, sumar, restar, bailar o andar en bicicleta, termina haciéndose una acción natural, casi automática, pero puede perderse al desconectarnos del cuerpo nuevamente. Ante esto, nos podemos hacer algunas preguntas, más simples de hacer que de responder:

 ¿qué tanta conexión tienes con tu cuerpo?
 ¿te desconectas de tu cuerpo con facilidad?
 ¿qué te permite sentir la presencia o ausencia de esa conexión?
 ¿qué te impide reconectar con tu cuerpo?

Para responderlas, quizá convenga saber que la emoción es la expresión de la conexión entre cuerpo y mente, por eso, cuando hablamos de sentir, nos referimos a lo que sentimos en el cuerpo y cómo se siente la emoción, y popularmente es más fácil encontrar el lenguaje para describir una sensación corporal que una emoción o un sentimiento. La invitación entonces, es a conectar con el cuerpo, en conciencia y coherencia, para lograr eventualmente un proceso alimentario conciente.

Por Consuela (@alimenterapia)

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Escuela Natalia Dufuur
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