Convertirnos en nuestra amiga

A veces podemos ser nuestro peor enemigo, nuestro juez más lapidario, nuestro propio policía, nuestro aguafiestas favorito. Por alguna razón, hay una vocecita disfrazada de autoridad que nos hace creer que tiene algún tipo de control y conocimiento global sobre lo que se puede y no se puede hacer. Y está bien, hay ciertos acuerdos sociales que necesitamos respetar para no dañar a otras personas. ¿Pero cuánto dejamos de hacer solo por vergüenza o miedo?

Uno de los diagnósticos que hemos sacado sobre factores con los que se enfrentan nuestras alumnas en clases es que hay un alto contenido de pudor a la hora de permitirse siquiera moverse, algo así como si declaramos perdida la pelea incluso antes de darla. Como si alguien nos exigiera ser perfectas antes del proceso. 

Por otro lado, también vemos cómo nuestras mismas alumnas son tremendamente solidarias unas con otras, celebran, animan y acompañan los procesos de sus compañeras, porque en el fondo, todas entendemos que estamos en pelea constante con fantasmas conservadores que se instalaron por nuestra educación en nuestra forma de concebir la libertad y sobretodo la conexión con nuestro cuerpo y sensualidad. 

¿Por qué somos capaces de empatizar tanto y acompañar y celebrar tanto a las demás personas pero para nosotras mismas la exigencia es tan alta? pienso que si nos tratáramos a nosotras mismas como tratamos a las demás personas, no solo tendríamos una mejor percepción de cómo estamos objetivamente relacionándonos en el mundo, si no que nos daríamos tanto más permiso de sentir, de explorar y de arriesgarnos en todo aspecto. 

La invitación es que cada vez que te trates de una manera poco amable, imaginate que es otra persona que quieres diciendo eso sobre sí misma ¿lo permitirías?. Puede ser que todavía no sientas que te quieres o que te amas, y quizás tampoco sea tu objetivo, pero si partes desde la cordialidad probablemente tengas una mejor relación contigo misma (auto cordialidad no significa complacencia, ojo pues también debemos ser responsables de no pensar que todo lo que hacemos y decimos está perfecto, también cometemos errores) 

Y tú, ¿Sientes que eres una buena amiga contigo misma?

Por: Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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