Decir no

A lo largo de mi vida, me he topado con ciertas trabas o patrones que se naturalizaron y que a la larga no me daba cuenta lo dañinos que eran. Uno de esos patrones, y aunque quizás es algo muy sencillo, es saber decir que no.

Por algún motivo, y desde acá quisiera hacer de mi ejemplo micro una situación macro, me he dado cuenta que muchas mujeres acarreamos este problema. Cómo si se nos hubiese enseñado que debemos estar siempre disponibles, siempre con voluntad, siempre agradeciendo siquiera que alguien nos proponga o invite, como si se tratara de pedir permiso para vivir. Siento que en la infancia se estimula mucho el hecho de que uno debe portarse bien y decir que si “salude a la tía” “dele un beso al tío” y que negarse o poner un límite te vuelve una persona complicada y exigente.

A lo largo del tiempo, he trabajado el valor que reconozco en mí, y aunque parezca extraño, poner límites sencillos, como el simple hecho de darme el permiso de decir que no, o expresar que no estoy de acuerdo, me ha hecho sentir en poder y en control de ciertas situaciones que no sabía yo podía controlar. Y lo más extraño es que cuando hablo del hecho de disfrutar el control, por atrás bien lejos en mi cabeza escucho una voz criticando “controladora” “histérica” “neurótica” pero qué tiene de malo sentirse en control? ¿Por qué está tan naturalizado que un hombre en control sea sexy y una mujer en control es una bruja?

La respuesta corta tiene que ver con el patriarcado – o sea, ¿se dan cuenta de lo MUCHO que afecta en nuestras vidas? – aquella naturalización de la falta de control, poder e incapacidad de decidir de la mujer sin darme cuenta también estaba en mi!!!. Ese miedo a no estar de acuerdo, a discutir, a pedir condiciones mínimas de dignidad o simplemente a no poder. ¿De dónde carajos se nos instaló?

Les invito a decir que no, que no quieren, que no pueden, que no se sienten capaces, que no están de acuerdo, sin sentir culpa o responsabilidad de solucionar. Va a costar, pero les prometo que será una experiencia reveladora. Digamos no tajantemente, que la sociedad deje de pensar que cuando decimos no, queremos decir si, no es no, nuestros límites son las paredes de la casa que construimos para protegernos.

¿Y a ti te cuesta decir que no?

Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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