Soy fiel creyente del rito,

En nuestras vidas, pasamos por tantos cambios, crisis, metas y situaciones que modifican nuestro rumbo o nuestra manera de movernos en el mundo, son tantas las situaciones que ocurren y con tanta potencia que me parece extraño que para ciertas situaciones sepamos ritualizar y para otras no.

Si bien, el rito o lo ritual se relaciona con lo religioso; en una época donde estamos varias de nosotras escapando de ciertos dogmas y creencias religiosas incrustadas en nuestra sociedad, no significa que debemos dejar de ritualizar.

La idea del ritual es marcar un antes y un después, señalar la trascendencia de un gesto o acción para nosotras o para otros, y se puede dar en situaciones clásicas como un cumpleaños, hasta un cambio de casa o nuestra rutina de cuidados matutinos.

Sea lo que sea que elijamos, me parece relevante darle importancia a los gestos que realizamos y darnos del derecho de construir nuestra propia espiritualidad y convertir algunas acciones cotidianas en momentos relevantes de plena atención y consciencia de cambio.

De hecho, aquella marcialidad o seriedad que ocurre en algunos ritos (por ejemplo los de iglesia) pienso que pueden ser traducibles a gestos de intención personal, como cuando en la lógica de la ley de atracción hablamos en afirmativo y presente, nos damos el tiempo de vernos al espejo, agradecemos y vibramos lo que queremos para el futuro.

Quisiera rescatar una mención a propósito del rito y lo cotidiano que hace el filósofo José Miguel Odero en su texto “Rito y ritualismo una clarificación”:

“(…)existe igualmente una formalización de las acciones privadas del individuo. Este se autoimpone reglas en muchas de sus acciones cotidianas: muy frecuentemente actuamos según ciertos rituales en el modo de comer (aunque no lo hagamos en presencia de otros), en el modo de dormir, en la distribución del tiempo diario, en el modo de caminar, en el acto de vestirse o asearse. (…) La instancia que hace al hombre capaz de este comportamiento ritual es lo que los filósofos han definido como hábito en sentido activo: una especial capacitación para actuar y alcanzar determinados efectos deseados de modo más fácil y espontáneo, de modo más preciso y exacto; lógicamente poder obrar así resulta muy satisfactorio y gratificante.”

Todas las acciones mencionadas anteriormente son posibles rituales, y somos nosotras quienes debemos poner en relevancia gestos o momentos de nuestros días o de nuestras vidas, no tengamos miedo a ritualizar, no tengamos miedo a decidir qué es lo que estamos cambiando y manifestarlo en acciones. Recuerden que parte de la independencia en nuestras creencias es también desarrollar una nueva espiritualidad o una nueva consciencia de aquello que durante siglos ha sido una necesidad para la sociedad. Por ejemplo, cuando bailamos o actuamos en el contexto de la Escuela estamos ritualizando; convertimos nuestros hogares en escenarios, construimos convenciones y generamos acciones -bailes- que llenan aquel nuevo espacio recién declarado como escenario.

Te invito a ritualizar al comer, al despertar, al ordenar, al bailar o al cambiar algo, convierte aquel momento en un rito o ceremonia, intenciona tus acciones y recuerda que por muy extraño que suene, somos sacerdotisas de nuestros templos; nuestros cuerpos, nuestro hogar, nuestra sociedad.

¿Cuáles son tus rituales?

 

Escrito por Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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