Qué ocurre con la amargura, con ese mal sabor en la boca, con el ánimo socavado por tanto estrés y malestar. Que difícil es pensar en disfrutar en medio de una pandemia mundial, que difíciles momentos para el placer estamos viviendo. Y no es menor, estamos cada día tan cerca de la muerte, en grandes crisis económicas y sociales intentando dar con la clave para sobrevivir el contexto actual

Cuando la dulzura ya no neutraliza la amargura no nos queda más que aceptarlo, pero esto se hace tremendamente difícil, no solo porque se pierde el ánimo y todo se vuelve más pesado, si no porque al rededor nuestro estamos llenos de mensajes, imágenes, construcciones mediáticas que nos hacen sentir como la única persona que no está disfrutando de la vida. Y esto tiene que ver con una manipulación y/o construcción de parte de los medios de comunicación de lo que deberíamos sentir; partiendo de la base que para el consumo debe haber deseo, y el deseo es el impulso vital hacia el placer. Convirtiéndose la felicidad en una norma constante.

Por otro lado, en una situación de estrés y angustia muchas veces no estamos siendo conscientes de nuestras emociones, principalmente porque están ocurriendo tantas urgencias o problemas materiales que no podemos conectar con nosotros mismos, haciéndose entonces más difícil aún la reconexión, puesto que el displacer se instala muy silenciosamente y esquemáticamente en nuestras vidas.

Es difícil volver a reconocerse en el goce, desde algo más existencial hasta lo sexual; se vuelve difícil conectar cuando no están las circunstancias para vivir el presente y dejarse llevar (en lo posible). Por eso, no te presiones a solucionar de cuajo la amargura, muchas veces somos víctimas de las circunstancias y solo necesitamos tiempo y lentitud, para ir levantandonos de a poco, reconociendo de nuevo el espacio.

Fuera de el orden material/ contextual de las cosas. Una de las formas de ver que me han ayudado a instalar este tipo de dolores en categorías o espacios corporales/energéticos es el estudio de los chakras (según el hinduismo son centros de energía situados en el cuerpo). El displacer o la amargura corresponderían en tal caso a un desequilibrio del segundo chakra el cual está ubicado bajo el ombligo (área genital, vejiga, riñones) en él se trabaja la sexualidad, el deseo, la creatividad, el placer: “Cuando está equilibrado aporta alegría de vivir, moverse con gracia, límites sanos e inteligencia emocional. En desequilibrio provoca ausencia de deseo, crítica, amargura, rigidez (corporal y en actitudes), seducción manipuladora y dependencia emocional. Ayuda a la sanación la terapia de movimiento, sanar al niño interior, la elección apropiada de placeres sanos y el desarrollo de la sensatez.” (Miriam Sans)

Si bien puede ser rebuscado el ejemplo a propósito de los chakras, lo que quisiera rescatar de esa información es la relación entre amargura y rigidez, y del movimiento como vía o posible solución para el trabajo del placer y de la creatividad. Creo que pocas veces he visto tanta dulzura y alegría de vivir como cuando las alumnas terminan sus clases de burlesque, dígale serotonina, segundo chakra, o traduzcase como prefiera; pero que hermosa es la idea de que el placer sea movimiento.

 

Por Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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