Aprender a fracasar me parece que es un aspecto crucial de la vida. De hecho, me parece que es fundamental entender que es en el lugar del fracaso en el que realmente nos jugamos gran parte de nuestra autoestima. Ya que en tanto no estamos teniendo éxito, la validación externa se apaga y nos quedamos en soledad, de manera introspectiva, reflexionando 

La competencia está instalada como dinámica mucho más de lo que realmente queremos; ésta se vuelve evidente por ejemplo cuando alguien se compara o a través del sentimiento de envidia, pero la profundidad que puede abarcar la sensación de estar constantemente buscando el éxito, ganando, en una carrera que nos impide conectar con sensibilidad y empatía con nosotras mismas, con los demás, con el mundo en general, es mucho más pregnante de lo que llegamos a dimensionar

Un ámbito en el que podemos observar esto es en la educación que recibimos. Por ejemplo, la educación conocida como la “tradicional” se basa evaluación mediante escala, siendo notas-números los que van delimitando el nivel de éxito. Estas calificaciones varían y generan rangos objetivos sobre un proceso extremadamente subjetivo que es el aprendizaje. Estos rangos entonces indican si eres o no competente en un área y si apruebas o fallas una materia (de nuevo, lenguaje de competencia). Si bien puede ser una lectura muy simple y superficial de los proceso evaluativos, quisiera plantearlo como base. 

Paralelo a esto y en respuesta a la rigidización en la relación entre la educación y el aprendizaje propiamente tal, hoy por hoy se ha avanzado mucho en flexibilizar y acotar las instancias evaluativas para enmarcarlas en un espacio que no sea determinante en el aprendizaje, pero quienes hemos recibido este tipo de educación en la cual se premia y celebra una calificación alta y se castiga una nota baja – que es la mayoría de la sociedad – sabemos, entendimos, e incorporamos desde allí que fracasar no es una opción. 

El fracaso conlleva muchas emociones, pero siendo el fracaso la acción contraria antónimo del éxito, este no se define como una emoción sino como un tipo de resultado. De este resultado en específico es que suelen aparecer emociones como la frustración, la vergüenza, el miedo, la pena e incluso la rabia o la ira. Pero si el fracaso es una acción y no una emoción ¿podemos cambiar el efecto emotivo que tiene sobre unx la misma?

Definitivamente sí, y por eso estamos acá, porque sentimos que es en la resignificación del fracaso, la complejización de las nociones que tenemos de los procesos de aprendizajes y la fuga de las nociones binaria de bueno/malo ganar/perder que creemos aparece finalmente lo creativo. Nadie nace sabiendo caminar, y en el transcurso del aprendizaje uno cae ¿Alguna vez has visto un bebé aprendiendo a caminar con su madre? ¿Has visto a una madre gritándole por no aprender? en general vemos risas, refuerzo positivo, cariño, contención y paciencia mucha paciencia. ¿Por qué a medida que crecemos cambia eso?

Por otro lado, y para ser abogada del diablo, quiero decir que pienso esto tampoco se trata de ser conformistas; también entiendo que hay quienes expresan el cariño desde una disciplina o un trato más rudo, pero lo importante siempre es que sea desde la apertura para guiar y continuar un proceso que puede tener un curso no lineal de desarrollo. 

Fracasar es darnos el permiso de experimentar, hacer las cosas de manera diferente, fuera de la norma, fuera del éxito. Siempre habrá formas exitosas de hacer las cosas, pero también existirá, si insistes en ello, tu forma especial, tu manera particular de crear, de pensar y de sentir. 

Por eso permítete fallar, porque es imposible seguir un modelo perfecto, porque necesitamos fugas, porque la imperfección es cautivadora, porque a la larga, nadie se siente realmente ganando una carrera.

Es fuera de los márgenes del éxito donde en general encontramos aquellos tesoros de nuevos caminos, no todo está hecho y por ende también puedes proponer las reglas del juego, pero para construirlas debes probar las dinámicas que te acomoden a ti, desde el suelo, desde la caída, aprendiendo a caminar de a poquito, o quizás incluso, acostandote para solo ver el cielo. 

¿Le tienes miedo al fracaso?

Por: Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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