Qué complejo el tema de cómo vivimos, cómo habitamos, el hogar y sobretodo nuestro cuerpo. Hay tantos factores que inciden en la ecuación más allá de la voluntad de unx, tanto del contexto incide en ello. Creo que para hablar del espacio que habitamos requiere mucha más extensión que la que les puedo ofrecer, por eso hoy quisiera centrarme en el concepto de hogar desde la percepción de nosotrxs mismxs como nuestro propio espacio para habitar.

Habitarnos significa sentirnos completos y capaces de movernos por el mundo, existir y vivir aquellas experiencias que sentimos merecer. Cuando unx se tiene a sí mismx, los cambios y los vacíos se sienten menos brutales debido a la sensación de contención que tu, siendo tu propio hogar te generas.

No se trata solamente de aprender a decorar un espacio, si no que también, saber qué tipo de hogar nos acomoda, qué elementos queramos añadirle a este espacio que soy yo mismx; El término hogar etimológicamente es derivado del latín «focus» – «hogar» (como lugar en la casa donde se prepara la hoguera), el tema sería hacerse la pregunta sobre cuál es el fuego que mantengo encendido dentro de mí, cómo cuido este hogar o templo, que rutinas necesita para su buen funcionamiento y sobretodo qué cosas, energías y a quienes permito ingresar.

Pienso, que luego de meses de cuarentena, la pregunta sobre el hogar es fundamental. Pensar cómo habitamos el espacio que habitamos, cómo entregamos también esa cualidad a nosotrxs mismxs y qué sucede en nuestras vidas cuando sólo podemos estar en nosotrxs y quizás ese espacio no nos complace. Obviamente, la pandemia vino un poco a develar de manera radical y bastante extrema la sensación de lo importante que es tener un espacio -o sea fue algo así como una terapia de shock- pero quizás el fondo del asunto sea estar siempre preparades para ser nuestra propia hoguera. Esto no significa ante ningún caso que debamos mantenernos separados y alejados cuidando nuestro propio fuego sin compartir, tanto más bello se vuelve todo cuando alguien entra y alimenta tu llama interna, pero primero lo primero; ¿qué es lo que te enciende? ¿cómo están esas brasas? es primordial que sepamos primero nosotrxs desde dónde y cómo vamos a entender el habitar, para que así seamos clarxs con las reglas de convivio, cuidado y coexistencia tanto para nosotrxs mismxs como para con otres.

Por último quisiera recalcar algo que ya había mencionado en otra publicación y esto es el problema del “anfitrionaje”; ten mucho cuidado con ser un espacio que sólo funciona o se arregla/limpia/cuida para las visitas, ten cuidado con entregar todo lo que tienes en tu despensa emocional, recuerda que el intercambio debería ser dentro de lo posible equitativo, sano y sobre todo, que esa misma manera que tienes para ser anfitrionx con otres, puedas aplicarla a tus mismas necesidades.

Por Josefina Cerda.

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Escuela Natalia Dufuur
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