Entregarnos al placer no siempre es glamuroso (o como estuve a un peo del orgasmo)

Como la gran mayoría de las mujeres, aprendí en mis primeros años de sexualidad compartida (en ese entonces solo con hombres) que el sexo solo servía y terminaba con la eyaculación del otro, dejando completamente de lado mis propios orgasmos e incluso eyaculaciones/squirt

Al principio era extraño, todo muy guiado por las imágenes que el porno heteronormado machista habían instalado en mi cabeza; tenía que verme perfecta, perfecto ángulo, perfecto sonido, todo limpio, pulcro y al servicio del consumidor masculino. Y no fue mientras fui creciendo que me di cuenta que muchas cosas que creía sobre el sexo estaban mal y realmente no me acomodaban. Desde depilarme hasta las posiciones e incluso la falta de autoconocimiento y posibilidad de juego.

No fue entonces hasta mi época tardía universitaria que, saliendo de una relación, me encontré con la posibilidad de reescribir mi historia sexual partiendo por conocerme a mi misma… Al principio fue extraño, si bien solía masturbarme en la adolescencia pasé mucho tiempo en pareja olvidando mi propio placer, por lo que me encanté nuevamente de mis sensaciones, yendo a mi ritmo y sin importarme el timing de otro que pudiera estar presionando o apurando el proceso. No había expectativas ni metas, solo yo.

Posteriormente cuando me sentí lista para volver a salir y vincularme sexoafectivamente con personas, descubrí que anteriormente solo estaba intentando tener sexo plástico y perfecto, cuando en realidad, siendo la intimidad el único espacio que nos damos la posibilidad de entrar en una dinámica animal. Por qué me preocupaba tanto de verme bien? Descubrí algo quizás obvio pero muy real; que el sexo era sudado, con mocos saliéndose de la nariz y pegandose en el pelo, con olores variados y hermosos, con pelos, porosidades, fetiches, juegos, bailes, ritmos, llanto, risa, amistad, compartido, con comida, interrumpido, sin climax, sin eyaculación, solo con las manos, solo con la boca, sin penetración, a veces con caca y a veces con pipi.

Y por qué cuento todo esto?

Si bien yo había sentido orgasmos en mi vida, hubo una experiencia sexual que marcó una serie de nuevas sensaciones en mi vida. Y la escena, obviamente, consta de dos personas (una de esas yo) teniendo sexo, y todo bien hasta cuando en el momento del climax, me doy cuenta que siento mucha presión y ganas de tirarme un peo.

Esto si bien era algo que me solía pasar en los momentos de climax, había trabajado tanto la entrega poco glamorosa de la sexualidad que a modo de entrega me permiti ese peo,..y luego de que lo solté descubrí, que ese peo escondía uno de los orgasmos más ricos que he sentido en mi vida, luego de permitir ese peo, me relajé tanto que eyaculé por primera vez (squirt que le dicen)

Quedé tan feliz e impactada preguntándome a mi misma CUANTO PLACER ME PROHIBÍ POR ESCONDER UN PEO? EN SERIO?

Realmente puede parecer absurdo pero cuánto placer no conocemos porque tal posición me hace ver gorda? O que desde ahí no me veo bien ? O no, mejor no me siento en tu cara porque se me ve la papada? Hasta cuándo el estrés constante de funcionar hegemónicamente y desde todas las perspectivas? A veces debemos arriesgarnos a ser ‘cochinas’ o vernos ‘feas’ para llegar al placer. (Y bueno, si lo preguntan, después si logré eyacular sin peos, pero cuando aparecen no me los aguanto nunca jamás)

Chicxs, por favor, háganme un favor y si están permitiéndose el placer, recuerden que compartir sexualidad no siempre es glamoroso. Es un ejercicio lleno de vulnerabilidad y como tal desde la desnudez y el mutuo respeto, no inventemos más capas para tapar lo que ya a todas luces está expuesto.

Que ese peo no les robe su orgasmo!!! ?

Por Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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