Suele pasar cuando una mujer decide aprender o desarrollar aspectos de su sexualidad surge de parte de la misma o de su entorno el fuerte juicio sobre el poco respeto que merecen ese tipo de prácticas.

Esto no es algo nuevo, puesto que ya desde la edad media se perseguía en la caza de brujas a mujeres que tenían visiones diferentes sobre el sexo más allá de la función reproductiva, incluso, mujeres que tenían conocimientos sobre matroneria, aborto, o sexualidad/anatomía femenina eran consideradas dentro de la lista para la caza y quema de brujas.

Esto es sumamente relevante de explicar, y es Silvia Federici quien en su texto “Calibán y la Bruja” indaga más profundamente, puesto que la idea fantasiosa de una caza de brujas no era explícitamente sólo a quienes practicaban brujería o solamente a mujeres, cualquier persona hombre o mujer -pero claro, en especial mujeres- que estuviese actuando en contra de la moral cristiana, que maneje conocimientos sobre ciencia, medicina, incluso mujeres ancianas que ya no podían tener hijos eran consideradas brujas, ya que la mujer solo estaba considerada como un ser útil para la reproducción, la crianza y las labores de asistencia al marido/hogar.

Por eso que el desnudo improductivo, el conocimiento sobre la sexualidad, el sexo fuera del matrimonio y la orientación sexual no heterosexual han sido castigados durante cientos de años, ya que, la función principal del sexo debía ser únicamente la producción de seres humanos que eventualmente servirán como mano de obra para una sociedad explotadora; todo esto escondido bajo el manto narrativo de la religión y “el mandato de Dios”.

Es por eso, que durante sobretodo la edad media y el renacimiento la única opción legal que tenía la mujer para escapar del rol de madre/esclava era entrar a un convento y convertirse en monja; es por eso que cuando estudiamos historia nos encontramos con grandes revolucionarias como Sor Juana Inés de la Cruz, Hroswitha de Gandersheim o Hildegarda de Bingen quienes tuvieron un gran impacto en el mundo político, cultural y  artístico. Si bien puede sonar extraño para nosotras pensar en una monja como un agente revolucionario, recordemos que la mujer no tenía derecho a educación, mucho menos una mujer de clase más baja, y era en el convento y a través de la carrera religiosa que la mujer tenía oportunidad de estudiar, escribir y escapar del único destino posible como esposa y madre.

Otra opción que obviamente no era bien vista y solo en algunos casos era legal es la de la prostitución, a pesar de que la mujer podía trabajar en ciertos oficios, el pago siempre era desigual y el único fin del trabajo era la recaudación de una dote grande para ser un buen prospecto para el matrimonio. Las putas eran aceptadas en el renacimiento como un mal menor para que hombres con tendencias homosexuales pudieran “hacerse hombres” o sea como medio para que el hombre evite el pecado. Por otro lado estaba el trabajo como cortesana o dama de compañía, las cuales eran de una clase más alta y que podían acceder a ciertos aspectos de educación ya que debían tener talentos y conocimientos que estuvieran a la altura de los hombres que debían acompañar y servir. Muchas de estas mujeres cuando se permitió a la mujer subir a las tablas, trabajaron en el mundo escénico artístico generando un gran revuelo debido a sus amplios conocimientos aprendidos como cortesanas.

Como pueden darse cuenta, la sexualidad femenina ha sido un tema que ha movilizado y segregado a las mujeres a lo largo de la historia; hubieron quienes negaron de ella completamente como las monjas para poder acceder a la libertad de la educación, hubieron otras que la utilizaron para poder generar autonomía fuera de la esclavización matimonial, y recien durante el siglo XX y el XXI estamos apostando a una realidad donde la sexualidad en general sea libre y consentida, no debemos olvidar que en algunos paises todavia es ilegal la homosexualidad, el desnudo improductivo, y el trabajo sexual; ejemplos cotidianos hay como el hecho de que instagram desprecie los pezones femeninos, que a muchas de nosotras jamás nos enseñaron sobre el clitoris y sus funciones en nuestra educación escolar, y que el placer sigue siendo un tabú porque todavía puja fuerte la idea de que el sexo es solo para la procreación. Llevamos luchando mucho tiempo para escapar de estos estigmas, que la maternidad no sea mandataria y que sea elegida en plena libertad, que tengamos soberanía sobre nuestros cuerpos, acceso a la educación, igualdad de pago, pago por labores domésticas, todos estos temas aunque no lo creamos vienen siendo un problema para las mujeres hace cientos de años.

Por eso, es importante que hoy agradezcamos a todas las brujas, putas y monjas que intentaron luchar por el lugar que merece la mujer en la historia, un lugar de libertad, de igualdad de derechos e importancia. No va a ser fácil querer desnudarnos o explorarnos sexualmente sin que haya tensión; estamos quebrando paradigmas instalados en leyes y prácticas sociales y religiosas tan antiguos pero a la vez tan actuales.

 

Escrito por Josefina Cerda (@josafana)

Fuentes:

Duby, G., & Perrot, M. (1991). Historia de las mujeres en Occidente. Taurus Ediciones.

Federici, S. (2004). Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: Traficantes de Sueños, 2004.

Link de referencia 1 (Hildegarda de Bingen)

Link de referencia 2 (Juana de la Cruz)

Link de referencia 3 (Hroswitha de Gandersheim)

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on skype
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
Escuela Natalia Dufuur
Escuela Natalia Dufuur

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

0
    0
    Tu pedido
    Tu carro está vacíoRegresar a Cursos