Cuánto se ha estigmatizado a la mujer en su rol de madre; el trabajo no pago de la crianza, los planes de salud diferenciados, la discriminación a la hora de encontrar trabajo, la mirada paternalista, la presión por recuperar un cuerpo turgente de manera urgente, la expectativa de que lo haga todo y todo con una sonrisa en la cara, que sea devota y ame por sobre todas las cosas, por siempre y en cada momento, la maternidad.

Nos damos cuenta de cómo a lo largo de la historia el rol de madre ha sido excusa y punto base para la opresión de la mujer, recluyendola en gran parte de la historia a la responsabilidad única de gestar la fuerza de trabajo para el desarrollo de la sociedad. Pero toda esta responsabilidad pasa por una misión o mandato religioso/moral/legal, que muchas veces impide que exista otra posibilidad de realización vital para la mujer.

Siendo la maternidad entonces una de las pocas maneras que tenía la mujer de ser un sujeto activo y útil, se construye toda una mitología en torno a la realización final y objetivo único de ella en la maternidad, mito que se mantiene culturalmente hasta el día de hoy; “cuando seas madre entenderás lo que es el amor de verdad” (¿y qué pasa si no?).

Pero junto con esos mitos devienen todas las construcciones sociales que mantenemos hasta el día de hoy y que se acoplan a esta necesidad de mantener a la perfección y de manera fija -y así segura para el patriarcado- lo que debe o lo que no debe hacer una madre.

Para graficar un poco la situación, quisiera compartirles un extracto de la película “Historia de un matrimonio”, específicamente de una escena en la que la esposa está preparando el juicio por la tuición de su hijo y le menciona a su abogada que muchas veces en la noche se toma una copa de vino a lo que la abogada le responde:

“Te voy a parar ahí. La gente no tolera a las madres que beben y le dicen a su hijo ‘cabroncete’. Lo entiendo, yo soy igual. Un padre imperfecto es aceptable. El concepto de buen padre solo se inventó hace unos 30 años. Antes era normal que los padres fueran callados, ausentes, poco fiables y egoístas. Claro que queremos que no sean así, pero en el fondo los aceptamos. Nos gustan por sus imperfecciones, pero la gente no tolera eso mismo en las madres. Es inaceptable a nivel estructural y espiritual. Porque la base de nuestra patraña judeocristiana es María, la madre de Jesús, que es perfecta. Es una virgen que da a luz, apoya incondicionalmente a su hijo y sostiene su cadáver al morir. El padre no aparece. Ni siquiera para el sexo. Dios está en el cielo. Dios es el padre y Dios nunca se presentó. Tú tienes que ser perfecta, pero Charlie puede ser un puto desastre. A ti siempre te pondrán el listón más alto. Es una mierda pero es lo que hay”.

¿Sientes que la sociedad pone mucha presión sobre las madres? ¿Por qué piensas que sucede esto?

 

Por Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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