Recuerdo la primera vez que me sentí cercana al concepto de soledad, recien había terminado una relación con mi primer pololo y en un gesto ridículo-gracioso decidí poner la canción de Franco de Vita “Te veo venir soledad”. Junto con eso, la risa, la pena y la convicción de que no hay mejor soledad que aquella que elegimos.

¿Pero qué pasa cuando no es una elección? ¿Qué pasa cuando es una soledad de contextos?

Pienso que el gesto de resignificación simbólica sobre lo que es estar en soledad pasa por apropiarnos de un estado con la seguridad que será momentáneo y usarlo en nuestro favor. Algo así como usar la ventisca para navegar en velero (metafóricamente hablando) en vez de luchar contra ella.

Posterior a mi gesto estético de escuchar canciones sobre la soledad, comencé a preguntarme cuáles eran aquellas cosas que hacía cuando no tenía un compañero a mi lado. Y de ahí surgieron maravillosos recuerdos; visitar museos, escuchar radio, ir a conciertos, comer. Quizás había subestimado la soledad… Es como el silencio, el silencio es necesario para que podamos elegir entre aquellas cosas que queremos escuchar. E incluso, sin silencio jamás nos daremos cuenta de una gotera por ejemplo. Y esto aplica también en el plano emocional y psicológico; a veces hay que parar, silenciar, estarse solo para escucharnos.

Si bien puede sonar muy cliché, además de que somos humanos y necesitamos el desarrollo en comunidad, creo que parte importante de un mayor aporte a la misma es saber realmente quién soy y qué es lo que vengo a aportar a este lugar. Personalmente me parece muy incómoda la soledad, pero por uno u otro motivo siempre la he elegido, hay algo ahí que seduce a mi inconsciente; una necesidad primordial de callarme y calmar mis aguas, conectar adentro, conectar con mis propios placeres, ritmos y normas. Salir de una vez por todas del rol de anfitriona que solo sirve a los demás; servirme, amarme y entregarme todo el amor que merezco a mi primero y luego a otrxs. Como cuando vas a servir la comida pero la primera cucharada va para ti.

Este año, 2020, ha sido una experiencia tremenda en materia de soledad. Durante varios periodos del caso tuve que enfrentarme al encierro sin tener otro cuerpo con el que compartir mi espacio; esto resultó en varias observaciones. De las más importantes rescato lo relevante que fue para mí, alimentarme viendo lives de instagram. Algo así como una compañía constante, un rito propio de autogestión de mis necesidades, en segundo lugar, lo importante que es para mí usar la voz; esto debido al shock que me generaba pasar varios días sin decir palabra, y finalmente, que los límites y sobretodo en la autogestión desde la soledad pueden ser terreno fértil para reacciones creativas muy relevantes y terapéuticas.

Hasta el día de hoy pienso en la soledad y me da miedo, no les voy a mentir, a pesar de tener círculos de amistades potentes, queda la duda sobre el aislamiento y aquellas problemáticas propias de la cuarentena. Pero hoy, con un poco las de libertad y mirando hacia atrás, me parece primordial resignificar aquello e invitarlas a que le quitemos lo trágico a la soledad, que lo instalemos como un espacio de creatividad y no como una sentencia eterna.

Que haces cuando estás sola?

Por Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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