Me bailo todos los miércoles.

Descubrí mi sensualidad hace un tiempo y este baile me hace sentir autentica, feliz y rica. Esta mujer me ha enseñado a bailar burlesque a través de una pantalla, la admiro, la adoro, ha sacado lo mejor de mí en el baile. En la presentación final del curso nos pidió algo muy especial, nos dijo que usáramos nuestra ropa más sensual.

 

Yo me puse un traje negro completamente calado que deja al aire mis partes íntimas, obviamente ropa interior sobre el traje para no mostrar nada y un vestido negro cortito. Incluso me maquillé, me pinté las uñas y me puse perfume, me sentía una diva a punto de salir al escenario, y solo estaba en el living de mi casa.

Al comenzar nos miró fijamente a la cámara con sus grandes y hermosos ojos y nos dijo “chicas hoy tienen que darlo todo, sientan su ser, sientan que habitan su cuerpo, bailen tocando su alma en cada paso”

Yo lo dí todo, bailamos como nunca, el pañuelo de la coreografía rozaba todo mi cuerpo, era excitante verme y sentirme así, tan cómoda conmigo misma, me dejé llevar por la música, por mis encantos y mi sensualidad. Sentía un éxtasis intenso cuando pasaba ese vendito pañuelo de seda, estaba en las nubes con este baile y terminé agotada.

 

Todas nos despedimos felices, algunas lloraron de emoción, yo me tiré sobre la alfombra a descansar, estaba felizmente cansada. Me saqué el vestido y la ropa interior, mis calzones estaban muy húmedos, igual que mi vulva, toqué mis labios mayores y estaban hinchados de placer, que rico, me dije, creo que me he calentado con mi sensualidad, es que me veo y me siento tan magnifica, hoy no me han importado mis rollos, ni los del cuerpo ni los de la cabeza.

Me toqué suavemente, recorriendo y disfrutando cada rincón, cada pliegue, mis ojos se cerraban de placer, tomé el pañuelo y lo deslicé por todo mi cuerpo, se sentía como la brisa del mar, como nubes deslizándose por mis curvas, lo acerqué a mi entrepierna y sentí su suavidad, me recorrí y me disfruté, estaba flotando en mis aromas de mujer: el perfume, el sudor y mis fluidos me tenían encantada. Me paré y me miré frente al espejo que está en la entrada de la casa, puse un pie sobre el sillón, ¡con estilo! y me seguí tocando, no paraba de mirarme, mis gemidos comenzaron a sonar más y más fuerte, me mordía los labios y mi cara de placer en el espejo eran lo máximo.

Comencé a mover más y más rápido mis caderas, mis dedos se deslizaban con pasión, mis piernas tiritaban, se doblaron y caí a al sillón, sentía espasmos en todo mi cuerpo, corrientes eléctricas se movían por mi ser, yo seguía masturbándome y un grito apasionado salió de mi boca, estallé como una torre eléctrica, como un volcán caliente de mil colores, como una infinita y húmeda cascada.

Que rica presentación, me voy a presentar a mí misma más seguido.

Cuentera Andina del Mar

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Escuela Natalia Dufuur
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