Cuando nos adentramos en el mundo de la interpretación y la danza, muchas veces aparece el concepto de “memoria corporal”, este puede ser usado en contextos referentes al aprendizaje automatizado de alguna secuencia que no podemos vislumbrar fácilmente en nuestra mente pero al cual nuestro cuerpo responde fácilmente, como también por ejemplo a ciertas memorias, traumas, emociones que se instalan y cristalizan en nuestros cuerpos.

“¿Qué quiere decir que el cuerpo tiene una memoria? La memoria ha sido relacionada con tiempo e interioridad, el cuerpo en cambio con materia y exterioridad. El concepto memoria corporal presenta las dificultades de un concepto hibrido que pretende designar no solo un acto de conciencia, ni solo materialidad, sino ambas cosas a la vez.” (Alarcón, 2009)

La memoria se va conformando constantemente, a medida que vivimos ciertas experiencias, en nuestra psiquis, es fácil recurrir a las memorias de momentos con alto contenido emocional, una memoria emotiva, pero fuera de lo que entendemos abstractamente como psiquis (ya que finalmente todo ocurre en el cerebro), en el cuerpo también se aprenden y se generan experiencias importantes que se retienen en la memoria. Por ejemplo, alguna vez has escuchado la frase “nunca se olvida como andar en bicicleta”, claro, todxs podemos tener ese amigo que realmente lo olvidó, pero en general a pesar de que puede ser difícil volver a subirse a una bici después de algunos años, es un aprendizaje corporal que se mantiene, y esto ocurre con muchísimas más experiencias.

En la danza por ejemplo, no solo estamos haciendo el movimiento mecánico (como sería el pedalear) si no que estamos sumando interpretación e incluso emocionalidad, haciendo de la experiencia de memoria algo mucho más complejo e incluso en alguna medida más fácil.

Cuántas veces no nos ha pasado que quizás en clases de Burlesque no tuvimos tiempo para pensar o trabajar en la coreografía y llegamos a la siguiente sesión sintiendo que no vamos a lograr recordar y al momento en el que atrapamos una pista o ponemos la música el cuerpo lo recuerda solo.

Ahora que somos conscientes de esa información, entreguemos a nuestros cuerpos experiencias que construyan recuerdos y memoria que nos sea útil o en algún punto nos aporte en nuestro día a día, por eso también siempre pedimos que agreguen la interpretación, porque aunque sea un ejercicio de ficción, estamos aprendiendo a encarnar nuestra versión lúdica y sensual.

Fuentes: Alarcón, M. (2009). La inversión de la memoria corporal en danza. A Part Rei, 66, 1-7.

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Escuela Natalia Dufuur
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