Música y memoria

Una de las cosas que más me fascina del arte es entender cómo funciona la vida y nuestra mente a través de las diversas expresiones y disciplinas. Es por eso que hoy les hablaré sobre una de mis pasiones: el sonido

La escucha, el sentido a través del cual se decodifica el sonido, es uno de los sentidos más primitivos junto con el olfato. Para la mayoría de las personas el fenómeno de la escucha a pesar de su relevancia, por el hecho de que vivimos en una cultura primordialmente visual, no es un ejercicio consciente. Esto es muy relevante ya que nosotrxs estamos constantemente inmersxs en la experiencia sonora, así bien lo mencionaba Pascal Guignard, el filósofo, quien indicaba que a diferencia de la vista, el oído no tiene párpados, y que no existe momento desde que nacemos en el que dejemos de escuchar.

Esto es sumamente importante, porque aunque no lo tengamos en consideración es el sentido de la audición el que nos mantiene a salvo en diversas situaciones; por ejemplo, si estás durmiendo y entran a robar a tu casa, tu cuerpo no olerá ni verá a los ladrones, es el oído – quien nunca duerme – el que se mantiene alerta y eventualmente te despierta. Por eso a muchas personas les dificulta el sueño en espacios ruidosos, y por lo mismo también existen reprogramaciones del inconsciente mediante audios subliminales binaurales para el momento del sueño (pero de esto podemos hablar en otro momento).

Personalmente soy una persona muy auditiva, esto se debe a que me crié en una familia de músicos y la estimulación en mi infancia fue muy potente en ese aspecto. De pequeña tocaba en una orquesta y a veces me quedaba sin hacer nada porque gozaba mucho escuchar “desde adentro”, sentir la inmersión del sonido. Ese efecto logró en mí una pequeña obsesión con lo sonoro, llegando a grabar conversaciones, paisajes, momentos que colecciono en álbumes de viajes sonoros .- pero más allá de contarles de mi, quiero comentarles sobre cómo el sonido se relaciona con la memoria y por qué es importante que también cuidemos qué es lo que escuchamos -.

La memoria emotiva sonora, al igual que el olfato, ya que como mencione son los sentidos más “primitivos”, se almacenan en un espacio más profundo del cerebro (acá no soy experta pero con gusto les citaré la fuente en el próximo párrafo). Esto significa que cuando conectamos con algún olor de un ser querido o escuchamos una canción que marcó nuestra vida el recuerdo se vuelve tan potente y pregnante que muchas veces es imposible contener las lágrimas.

Una experiencia sobre lo anterior se puede testimoniar al ver el documental “Alive Inside: A Story of Music and Memory” de Michael Rossato-Bennettt, donde se propone un proyecto sonoro para un hogar de adultos mayores con alzheimer. Lo que hicieron fue hablar con la familia de cada individuo para recopilar canciones relevantes. Posteriormente cada paciente tenía un ipod con esas canciones y en cámara mostraban cómo, al poner la música en sus oídos (su música personal), todos los pacientes “despertaban” y comenzaban a recordar todo lo que habían vivido con esas canciones, recuerdos a los cuales no podían o se les dificulta acceder en el estado normal en el que vivían, incluso. Este despertar se mantenía durante un tiempo largo posterior al experimento, espacio donde los pacientes evidenciaban con radicales cambios de ánimo lo maravilloso que era poder volver a recordar, a hablar y  comentar sobre sus vidas (se adjunta link)

No queriendo spoilear más el documental -el cual lo recomiendo totalmente- y para finalizar esta breve reflexión, quiero destacar que es sumamente relevante que seamos conscientes de cuáles son aquellas canciones que construyen nuestra memoria emotiva sonora. Tal como coleccionamos álbumes de fotos, armemos playlist de nuestras vidas, desde lo infantil hasta la última balada con la que lloramos. Recordar, que significa volver a pasar por el corazón para mi es un elemento muy importante en la construcción de una autoestima. Esto no significa vivir en el pasado, pero si, conocernos, entendernos y agradecer aquellos momentos que nos construyeron, honrar nuestra música propia.

La invitación no es a despreciar la visión, si no a concientizar que todo estímulo puede repercutir en nuestro ánimo, disposición y autopercepción. No demos por sentado lo que escuchamos, lo que olemos, comemos o sentimos, tenemos un cuerpo con diversidad de sentidos y en ello está nuestra riqueza.

¿Qué canciones han marcado tu vida?

 

 

– Josefina Cerda (@josafana)

 

 

Fuentes:

Quignard, P. (1999). El odio a la música: diez pequeños tratados. Andrés Bello.

Inside, A. (2014). A Story of Music and Memory. Directed by Michael Rossato-Bennett.

 

 

Links de referencia:
https://www.youtube.com/watch?v=XnNkgF8gMoU&ab_channel=Cl%C3%ADnicaCattellPsic%C3%B3logosenMurcia
http://medicinayarte.com/img/Pascal-Quignard-El-Odio-a-La-Musica.pdf

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Escuela Natalia Dufuur
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