“A veces enlaces, tropiezo sin pases

A veces tienes que hacer contigo las pases”

Quería comenzar con esta frase de Ana Tijoux porque siento que es importante para comenzar esta publicación, entender la finitud y lo efímero de los procesos, de los dolores y de las fases de la vida. Que respires y sepas que este momento no te define, y que ante la falta de certezas siempre existirá el “a veces”.

“El dolor es temporal”, esta es una frase típica y que poco nos satisface a la hora de sufrir. Los traumas, las penas y pérdidas, todas nuestras experiencias son parte de nuestro cuerpo, no son elementos borrables, pero si resignificables e incluso posibles de convivir con ellas. Es por ello que me parece primordial indicar que no somos nuestros dolores, que aquellas experiencias pueden afectar o moldear parte de nuestras vidas pero no pueden definirnos; intentar simplificar a una persona solo en base a un momento de su existencia es ignorar la inmensa complejidad del ser humano. Si bien, puede ser que uno no siempre supere el dolor, ese dolor pueda hacerte compañía junto con las felicidades, logros y placeres de la vida, en un engranaje imperfecto y mutable que se tiñe del día a día. Por eso siempre “a veces”, porque no tendremos la certeza jamás de la eterna y perfecta reparación.

Hace un tiempo veía uno de esos típicos post de facebook sobre datos y fenómenos culturales interesantes, donde, en esta ocasión, hablaban sobre el “Kintsugi” o el arte de reparar objetos con oro: una práctica japonesa que consiste en arreglar elementos trizados (principalmente de cerámica o vidrio) con resina de oro, convirtiendo la rotura en un decorado más del objeto. Si buscas en google, probablemente te aparecerá como ejemplo la reparación de hermosos platos y lo interesante del fenómeno es ver cómo en este gesto podemos apreciar que, el plato, es tanto lo que fue antes, su trizadura y la resignificación de la misma hoy; mediante este arte se puede evidenciar la belleza de los procesos, del paso del tiempo y de las huellas del mismo.

Para ir concluyendo y aunque puede ser una metáfora muy obvia la que acabo de presentar, quisiera recordarles que nada es para siempre, que todo puede relativizarse, resignificarse y transformarse; que de las heridas pueden crecer flores o formarse pozos que son parte de la flora de nuestra historia pero que eso es, una historia y como buena narrativa puede viajar y adaptarse a diversos formatos.

No eres tu dolor, pero tanto tu dolor como tus alegrías son parte de ti y eso es bello.

Y tal como citaba la publicación de facebook que comentaba “la herida es el lugar por donde entra la luz” (Rumi)

Por Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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