El último tiempo por alguna extraña razón que va más allá de las casualidades, estas últimas semanas me ha pasado de todo, se podría decir -salvando las proporciones pues es una exageración- que ha sido tragedia tras tragedia, desde inundaciones en mi casa, confusiones de horarios, pérdida de objetos, cerraron mi cuenta de instagram, y otras situaciones personales, un suma y sigue. Si bien apenas ocurren los mini-problemas me pasa que efectivamente siento el bajón, me he dado cuenta que el 2020, con toda su absurda ya conocida historia, me ha enseñado a ser resiliente.

Pero, Qué es la resiliencia?

La resiliencia es un proceso de recuperación desde un suceso traumático que se compone usualmente de dos aspectos relevantes: resistir el suceso y rehacerse del mismo, tal como dicen Poseck, Baquero y Jiménez, M. En su artículo “La experiencia traumática desde la psicología positiva: resiliencia y crecimiento postraumático”

Si bien mis experiencias no fueron traumáticas, creo que es importante aprender sobre la resiliencia; quizás comenzar a trabajarla en aspectos más cotidianos para que al momento de tener que enfrentar un reto mayor tengamos a mano estas herramientas. Saber resistir, dar la pelea, ser estratégico con nuestras capacidades y aprender de las experiencias; sacar lo bueno y soltar lo malo, rehacerse desde la perspectiva del resignificar.

A veces cuando hay mucho por lo que maldecir, quizás es momento de buscar las razones para agradecer. Cuando estamos en el piso, quizás es momento de jugar en el pasto o mirar el mundo desde esa perspectiva. Poner la mente en otro lugar, dejar ciertos problemas para tu “yo” del futuro y permitirte no resolverlo todo.

Sé que puede sonar difícil, y mientras lees esto, vas a encontrar mil situaciones que se contraindican con lo que estoy aconsejando, eso es normal porque jamás habrá una fórmula para solucionar todos los problemas. Pero la resiliencia viene un poco a ser una herramienta para que aquellas experiencias no instalen estados de ánimo, o signifiquen/definan existencialmente nuestra vida. Y jamás te diré que es algo que se trabaja desde la nada, aprender a resignificar y soltar sobre todo a propósito de vivencias realmente traumáticas, debe ser un proceso asesorado por unx terapeuta especializado.

La invitación es a darnos la chance de ver el otro lado, aunque estemos atrapadas siempre hay otro lado, siempre hay alguien que sabe, alguien que te puede ayudar, siempre habrá un mañana esperando. Recuerda que hoy es el mañana que tanto te preocupaba ayer… y sobreviviste

En qué momentos te has sentido resiliente?

Por Josefina Cerda (@josafana)

Referencia

Poseck, B. V., Baquero, B. C., & Jiménez, M. L. V. (2006). La experiencia traumática desde la psicología positiva: resiliencia y crecimiento postraumático. papeles del psicólogo, 27(1), 40-49.

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Escuela Natalia Dufuur
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