Hace unas semanas, hablaba con una amiga a propósito de una relación que se vió afectada por las circunstancias de la cuarentena. Básicamente me decía que al igual que muchas parejas, no pudieron verse por motivos de salud. Esto produjo un efecto negativo, porque si bien tenemos medios de comunicación que nos permiten la cercanía, hay quienes no saben comunicar o no les acomoda el formato virtual para sus vinculaciones.

Ya salida de la cuarentena la situación no mejoró ya que no hallaban en conjunto una metodología para reunirse (dígase horario y formato) y cuando lograban juntarse se sentía la densidad y tensión que se había acumulado por esos meses de distancia y mala comunicación. Si bien, estaban haciendo lo que se supone necesitaban, al parecer eso ya no era suficiente.

Me quedé pensando, porque era obvio que las cosas no iban a ser iguales después de meses y crisis y recordé una experiencia que tuve siendo madre primeriza de una planta.

Una vez tuve un ficus; los ficus son arbustos/árboles/plantas que son reconocidos por no necesitar mayores cuidados. Su riego puede ser de una a dos veces a la semana dependiendo del calor y pueden soportar largos periodos sin agua. Además de que se adaptan muy bien a espacios de inferior por lo que tampoco resienten de la poca luz.

El tema fue que durante un viaje que tuve, se me olvidó decirle a mi compañera de piso que regara mi ficus, si bien, yo había visto cómo esta planta aguantaba bien los periodos de invierno con poca agua, era temporada de verano y estuve ausente por casi 4 semanas. Cuando volví, el ficus estaba seco, las hojas amarillentas cayendo y la tierra completamente sin agua. Mi primera reacción fue la de regarlo, regarlo mucho, ya que pensaba eso era lo que necesitaba, pero está vez no era suficiente.

Cuando una planta entra en un descenso como este, ya no sirve solo darle el agua que necesitó hace unas semanas. Si realmente quieres recuperarla debes saber cortar las partes secas tanto hojas como raíces, cambiar la tierra, poner sustrato, darles un cuidado especial y mucha atención para que retome el rumbo anterior.

Esto mismo le dije a mi amiga sobre su relación… durante la cuarentena, quizás lo único que necesitaron era verse, pero cuando las hojas ya se secan, quizás el agua ya no basta. Cuando ya pasó un tiempo y no se alimentó el ficus se necesitará más cuidado, diálogo, cariño, comprensión y atención.

No soy una experta en relaciones, pero he aprendido mucho del tiempo con el cuidado de las plantas, no nos damos cuenta que el tiempo, los hábitos, las heridas sanan lento y que cada estímulo realmente modifica nuestra forma de desarrollarnos y crecer.

Finalmente quiero decir que esta metáfora les invito a entenderla para todo ámbito de la vida: si dejaron de ejercitar volver no es inmediato, si están en un estado de ánimo bajo, paciencia que no se cambia de la noche a la mañana. Tengamos paciencia y entendamos que todo cambia y es normal que así sea, quizás te crecen hojas más grandes y fuertes.

Por Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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