No nos hagamos, todxs hemos caído en esto, y no nos culpo, porque tiene que ver con la base de valores cristianos que tenemos instalada como parte inherente de nuestra personalidad. Pero como todo proceso de deconstrucción, es importante que nos demos cuenta cuando estamos poniéndonos en un lugar de superioridad moral.

 

Probablemente les ha pasado tener algún tipo de discusión o ser espectadorxs de alguna pelea o instancia donde, por ejemplo, se pone en tela de juicio el nivel o la calidad de feminista que puede ser una compañera. Algo así como el uso del “feministómetro” para criticar acciones, pensamientos, ideas que no van en la línea de un feminismo perfecto (o de la corriente del feminismo a la que yo me adscribo). Este fenómeno es realmente agotador, ya que muchas veces la persona que critica, no lo hace con base argumental o en una instancia argumentativa, si no que se pone a sí misma como parámetro de bonanza y coherencia. Lo peligroso de todo esto radica precisamente en eso, ¿por qué estamos luchando por romper esquemas y derribar estructuras patriarcales cristianas recalcitrantes y seguimos imponiendo esquemas morales desde la visión de lo “bueno” y lo “malo”? o sea, es comprensible, hay acciones que se deben castigar y que no deben ser parte del esquema legal/normal de una sociedad, pero si las acciones de otra persona no te dañan, ¿a qué viene esa necesidad de criticar e imponerte sobre la felicidad de otrxs?

 

Seguramente podríamos ampliar un debate en torno a esto mucho más grande desde la premisa de que lo personal es político, pero no olvidemos que aquella famosa frase nace desde el discurso de Carol Hanisch a propósito de la salud mental de las mujeres, donde indica, que no es la mujer quien debe ir a terapia y acomodarse a una sociedad hostil para ella, sino que aquel problema personal es un síntoma de problemas sociales y políticos radicales. Pero ahí está el tema, ¿cómo algo que partió a propósito del bienestar de una mujer, terminó siendo una frase que se utiliza como excusa para poder criticar a toda mujer que, por dar un ejemplo, quiera explotar su sensualidad en redes sociales?, qué sucede si lo que hace la hace feliz, ¿vamos a criticarla en base al feministómetro? ¿la vamos a mandar a leer? ¿cuánto aporta esta discusión?

Finalmente quisiera invitarlas a cuestionarse qué estamos buscando cuando criticamos las acciones de los demás, sobre todo cuando lo hacemos en el contexto de un escrutinio público, ¿realmente estamos preocupades o solo queremos imponer nuestra moral por sobre otres? ¿qué tan relevante es lo que quiero discutir? ¿esto vendría a mejorar la calidad de vida de la persona que critico o por el contrario recaería en un daño? Cuando decimos que la sociedad es dañina, es importante recordarnos que nosotres somos la sociedad y que está en nosotres, que el mundo sea un espacio más amable y tolerante. Con esto no quiero decir que no puedan existir instancias de discusión, pero me he dado cuenta, que hemos llegado a un nivel de crítica en detalle muy intensa, crítica en espacios de recreación u ocio que no buscan ser espacios de discusión, crítica porque si o crítica porque no. El contexto, el tono, el diálogo, la empatía y preocupación por la salud del otrx deben ser primordiales a la hora de instalar una discusión sobre cómo una persona lleva su vida. Porque aunque podamos tener cientos de argumentos políticos, ideológicos y racionales, muchas prácticas o tendencias responden a patrones o necesidades emocionales que están arraigadas en espacios profundos de nuestra estructura. La idea si es cambiar y yo lo veo, veo que todes estamos en procesos de cambios hermosos y con la disposición a crear un mundo mejor, pero ojo con el inmediatismo y la superioridad moral.

 

Movilicemos un cambio desde el amor.

Por Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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