Comienzo este blog con un poco de humor, haciendo referencia a esa clásica canción que tanto hemos escuchado en las radios románticas latinoamericanas (o chilenas por lo menos). Recuerdo que la primera vez que terminé una relación hice el gesto de ponerla en mi computador para reirme de cómo nos habían inculcado la soledad como algo malo.

Bueno, quizás no fue tan así jajajaja, solo la puse y me reí mucho porque en el fondo, ¡quería estar sola! ¿qué hay de malo en eso? bueno, aún no tengo la respuesta, puesto que cómo todo humano con contradicciones, tengo un impulso interno que me lleva a la soledad y otro que me presiona a través del miedo a la misma ¡¿cómo puede una dialogar así con una misma?!

Para mi la soledad ha sido un tema, no porque no trabaje en colectivo y me encante aquello, conozca gente, tenga una bella tribu de amigxs o me sienta parte de una comunidad, si no porque durante muchos años necesité tanto tanto tener mi espacio que fue algo muy patente en mi mente. Recuerdo que cuando era más pequeña y me hacían dinámicas del tipo “¿cómo te imaginas en 10 años más? yo siempre me veía viviendo sola, siendo independiente económicamente, con una carrera fructífera o por lo menos interesante. Me parece increíble lo mucho que necesitaba mi espacio personal que lo plasmaba siempre en estas visiones.

Hoy por hoy creo que voy teniendo una relación más sana con la soledad, tengo mis amistades y mi tribu bien conformada pero también me permito tener momentos de soledad en mi propio espacio con mis propias reglas. Y me ha llamado la atención que comienzan a surgir auto-dinámicas; hablar sola, bailar la misma canción mil veces (cosa difícil cuando tienes que compartir el dancing), dejar cosas para después, andar desnuda y así tantas más. Tu me dirás “oye pero con mi pareja yo hago todo eso” siiiii, lo entiendo y me parece hermoso, no te estoy pidiendo que estés soltera, no no no, no se trata de eso. Se trata de hacer el ejercicio de autoconocimiento de tener realmente tiempo uno a uno, con uno mismo.

Por otro lado, ya no tanto sobre el espacio donde vivimos, si no a propósito de la soledad romántica; también me he dado cuenta que si bien he pasado largos periodos soltera, me ha costado tener periodos de meses o años sin estar enganchada o pensando en alguna persona como prospecto amoroso. Y ante eso, tomé una decisión -veremos cuánto me dura jajaja- y fue que a la persona que me invitara a salir le pediré que me dé un tiempo y volvamos hablar más adelante. Esto con el objetivo de no reabrir ni abrir vínculos sexo afectivos aunque sea de manera casual. Tiene que ver con darme también tiempos para salir CONMIGO, darme placer, hacerme nanai, entregarme lo que siento que necesito (y si, puede sonar súper cliché) pero siento que TENGO QUE INTENTARLO. Obviamente no estoy inventando la pólvora con esto. Pero imagínate, dos meses de no pensar en un prospecto amoroso, no se acabará el mundo, pero podremos ver las cosas desde una perspectiva distinta.

Y así podemos probar la soledad (no aislamiento OJO, pues necesitamos también estar conectadxs con la realidad y la comunidad) en nuestros espacios, o en nuestra mente. ¿Te anotas a disfrutar tu soledad? ¿En qué ámbito exploras aquello?

Por Josefina Cerda (@josafana)

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Escuela Natalia Dufuur
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